lunes, 7 de mayo de 2012



 Memorias de Idhún II. Triada.




Reseña:


 La Resistencia vuelve a Idhún, con intención de hacer cumplir la profecía. Pero la guerra sigue y los miembros de la Resistencia toman caminos distintos. Jack y Victoria van, por su cuenta, a enfrentarse a Ashran y, debido a los acontecimientos, los idhunitas empiezan a dudar que se pueda cumplir la profecía, ademas, ¿Como confiar en el dragón y el unicornio si Kirtash está con ellos?




Autor/a: Laura Gallego
Editorial: SM















Prólogo




La serpiente entornó sus ojos irisados, pero no hizo 
el menor movimiento ni denotó ninguna emoción 
especial cuando dijo telepáticamente: 'Ya están 
aquí'. 
-Lo sé -respondió en voz baja Ashran, el Nigromante, 
desde el otro extremo de la habitación. Estaba 
asomado al ventanal, como solía, contemplando la 
salida de la tercera de las lunas por el horizonte de su 
mundo. 
La serpiente alzó la cabeza y desenroscó lentamente 
su largo cuerpo anillado. Era inmensa, y ni siquiera 
había desplegado las alas. Cada escama de su cuerpo 
irradiaba un poder misterioso y letal, un poder ante el 
que cualquier mortal temblaría de terror. Pero Ashran, 
el Nigromante, no era un hombre corriente. 
Tampoco aquella era una serpiente corriente, ni 
siquiera entre las de su raza. Se trataba de Zeshak, el 
señor de los sheks, la más poderosa de las serpientes 
aladas. 
'El dragón y el unicornio', enumeró. 'Dos hechiceros: 
un humano y una feérica. Y un caballero de Nurgon, 
medio humano, medio bestia.' 
-Deben de formar un grupo singular -sonrió Ashran-. 
Tengo ganas de verlos en acción. Pero eso no es todo, 
¿verdad? Hay una sexta persona. 
Hubo un breve silencio. 
'El traidor está con ellos', dijo Zeshak con helado 
desprecio. 'Ese a quien llamabas tu hijo es ahora el 
sexto renegado de la Resistencia.' 
Ashran hizo caso omiso del tono irritado de su 
interlocutor. Desde que Kirtash los había traicionado, 
ningún shek había vuelto a pronunciar su nombre. 
-Sé que quieres verlo muerto -dijo el Nigromante-. Y 
tendrás esa satisfacción. Pero el dragón y el unicornio 
son más importantes ahora. 
Zeshak no dijo nada, pero Ashran percibió su 
escepticismo. -La profecía se está cumpliendo -le espetó el 
hechicero-. ¿O es que crees poder luchar contra el 
destino? 
'No existe el destino', replicó el shek. 'Los dragones 
nos condenaron a vagar por los límites del mundo 
durante toda la eternidad, y míranos, estamos aquí. 
Somos dueños absolutos del planeta, y de nuestro 
propio destino. Y hemos acabado con todos los 
dragones.' 
-No con todos -le recordó Ashran. 
En los ojos tornasolados del shek brilló un breve 
destello de ira. 
'Y, a pesar de todo, los sheks deseamos más la 
muerte del traidor que la de ese dragón que se nos ha 
escapado.' 
-Pero, en cuanto os topéis con él, volveréis a sucumbir 
al odio -sonrió Ashran-. Como ha sido siempre. Un 
dragón, aunque sea uno solo, aunque sea el último, 
sigue siendo un enemigo peligroso. 
El shek dejó escapar un airado siseo. 
'¿Cómo es posible que consideres peligroso a un 
dragón que está tan contaminado de humanidad?' 
-¿Cómo es posible que los subestimes, Zeshak? No 
son criaturas corrientes. Son parte de una profecía, y 
detrás de las profecías está la mano de los dioses. 
'Entonces, no deberías haberlos dejado volver', opinó 
Zeshak. 
Ashran se encogió de hombros. 
-En la Tierra habrían quedado lejos de mi alcance. 
Además, hiciera lo que hiciera, mientras pudieran 
refugiarse en Limbhad estarían a salvo -alzó la cabeza 
para clavar en la serpiente la mirada de sus ojos 
plateados-. Ahora ya no lo están. 
'Siempre pueden volver atrás.' 
-No -replicó Ashran-. Ya no pueden... pero todavía no 
lo saben. 
Zeshak asintió lentamente. 'Ya veo', dijo el rey de las serpientes. 'Si es verdad 
que esa profecía puede cumplirse, si es cierto que 
pueden derrotarnos, no deberías enfrentarte a ellos. 
Ahora están aquí, en Idhún. Ahora nosotros, los 
sheks, podemos encargarnos de aplastar a la 
Resistencia.'  
Ashran meditó la propuesta. En virtud de un antiguo 
conjuro, hacía siglos que ni los sheks ni los dragones 
podían atravesar la Puerta interdimensional hacia la 
Tierra. Por eso los hechiceros renegados de la Torre 
de Kazlunn, aquellos que se oponían al poder del 
Nigromante, se habían visto obligados a enviar allí 
solo los espíritus del dragón y el unicornio de la 
profecía, para que se reencarnasen en cuerpos 
humanos. Por eso el propio Ashran había tenido que 
mandar tras ellos a Kirtash, una criatura híbrida, un 
shek camuflado en el cuerpo de un muchacho que, 
desgraciadamente para ellos, había conservado buena 
parte de sus emociones humanas y había acabado por 
unirse a sus enemigos. 
Pero ahora, ellos estaban en Idhún, habían acudido allí 
a presentar batalla. Nada impedía a los sheks 
atacarlos en su propio terreno.  
-¿Sabes dónde están? -preguntó. 
Los ojos de la serpiente presentaron, por un 
momento, un cierto brillo siniestro. 
'Sé dónde están. Un solo mensaje telepático mío, y mi 
gente atacará.' 
Ashran asintió. 
-Quizá no podáis vencerles -dijo sin embargo. 
El shek se envaró, ofendido. No habló, pero dejó que 
Ashran notara su irritación. 
-Hay una extraña fuerza en su interior. Mira esta 
torre, Zeshak. No era más que un edificio muerto y 
abandonado, y ahora rebosa poder por los cuatro 
costados. Y eso lo hizo la muchacha... ella sola. No es 
solo un unicornio. Es el último unicornio, toda la 
fuerza de su raza reside en ella.  
Percibió el resentimiento de Zeshak, y supo lo que 
estaba pensando. El shek había sido partidario de 
acabar con la vida de la joven que se hacía llamar Victoria al hacerla prisionera, pero Ashran había 
optado por utilizar su poder... y aquella chica, cuyo 
cuerpo albergaba el espíritu del último unicornio, 
había acabado por escapar de ellos. Ahora ella y su 
compañero, el último dragón, eran lo único que 
amenazaba la estabilidad de su imperio. 
-También el dragón será un adversario temible, en 
cuanto aprenda a emplear su poder.  
'Entonces, debemos acabar con ellos antes de que eso 
suceda.' 
-Llevamos más de quince años intentando acabar con 
ellos, Zeshak. Y no lo hemos conseguido. 
'¿Estás empezando a pensar que no podemos evitar el 
cumplimiento de la profecía?', siseó Zeshak en su 
mente. 
-No; estoy empezando a pensar que no hemos 
seguido la estrategia adecuada. 
La serpiente no dijo nada, pero clavó en el Nigromante 
sus hipnóticos ojos tornasolados, esperando una 
explicación.  
-Desgraciadamente, Zeshak, no los conozco tanto 
como quisiera. Conozco bien a Kirtash, mucho mejor 
de lo que él mismo cree; empiezo a conocer a Victoria, 
porque tuve ocasión de tratar con ella, y creo que 
puede ser una pieza importante para mis planes 
futuros, aunque ella no lo sepa. Pero el muchacho, el 
dragón, sigue siendo un completo extraño para mí. Y 
eso no me gusta. Ahora que están aquí, en Idhún, voy 
a tener ocasión de observarlos, de estudiarlos, de 
conocerlos y comprenderlos... y de encontrar su punto 
débil.  
Zeshak lo miró, con la boca entreabierta, dejando ver 
su larga lengua bífida. Casi parecía que se reía. 
'Estrategia básica shek', comentó. 
Ashran asintió. 
-De todas formas no me opongo a que vosotros 
ataquéis primero. Pocas cosas pueden escapar a la 
mirada de un shek, y sospecho que, vayan a donde 
vayan, terminaréis por encontrarlos. Quizá logréis 
acabar con ellos, con uno solo de ellos, al menos, y entonces no habrá más que hablar. Pero, si fracasáis, 
al menos habré tenido la ocasión de estudiar a la 
Resistencia con más detalle, y puede que para 
entonces ya se hayan confirmado mis sospechas. 
El shek entrecerró los ojos y aguardó a que el 
Nigromante siguiera hablando. Ashran lo miró y 
sonrió. 
-Tal vez -dijo el hechicero con suavidad- la clave para 
su destrucción no esté en nosotros, sino en ellos 
mismos. 
Zeshak comprendió. Lentamente, su rostro de reptil esbozó una 
sinuosa sonrisa.



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